Varias cosas hay que decir sobre la reciente gira a nuestro país de Alondra de la Parra y la Filarmónica de las Américas (POA, por sus siglas en inglés). Déjeme ponerlo en contexto. Alondra fundó esta orquesta en Nueva York hace cuatro años con la misión de difundir el trabajo de los jóvenes instrumentistas, compositores y directores del continente americano. Dos de sus proyectos principales son los que refieren a su concurso anual de composición (que este año llevó a cabo su segunda edición) y uno con niños de tercer y cuarto grados en diferentes primarias públicas de la gran manzana, enfocándose éste, además, en las que tienen mayor número de hispanos.
En noviembre visitaron México, como parte de una gira titulada “Sin Fronteras” que, literalmente, no las tuvo. Y es que el tour, que comenzó con un concierto en el Skirball Center de Nueva York, incluyó lo mismo un concierto tributo a Gloria Estefan durante los Latin Grammys en el que se unieron a la orquesta músicos como Carlos Santana o la Banda El Recodo, que un taller con los niños de la Sinfónica Infantil de Nezahualcóyotl, un concierto con ellos en el Papalote de la Ciudad de México y los conciertos formales de la sala Nezahualcóyotl, Guadalajara y Oaxaca; estos dos últimos donde se unió la soprano veracruzana Olivia Gorra.
Tuve la oportunidad de escuchar el concierto de la Sala Nezahualcóyotl el sábado 15, y parte del taller y el concierto conjunto con los niños el martes 18 en el museo donde se toca, se juega y se aprende.
El concierto del 15 fue la oportunidad para estrenar en nuestro país (ya se había hecho mundialmente en el Skirball dos semanas antes) la pieza Ometéotl, del mexicano José Alberto Sánchez, obra ganadora del Concurso de Jóvenes Compositores de la POA 2008. José Alberto, un veinteañero de Pachuca, había sido ya el más joven compositor en el Foro Internacional de Música Nueva por dos ocasiones, este año se convirtió en el segundo mexicano en ganar el concurso organizado desde Nueva York.
La obra de Sánchez fue enmarcada por dos clásicos de la literatura mexicana, la Sinfonía India de Carlos Chávez, quizá el momento más logrado de la noche, y Metro Chabacano de Javier Álvarez, donde Alondra no solo confirmó la unidad que ha logrado con su sección de cuerda, sino también la madurez, soltura y precisión propia de alguien que con cada visita nos demuestra sus avances con la batuta.
Luego del intermedio vino la Novena Sinfonía “Del nuevo mundo” de Antón Dvórak, cuyas primeras imprecisiones en los ataques de los primer y segundo movimientos por las filas de violonchelos y maderas, respectivamente, así como del solo del primer oboe en el piu mosso del segundo, fueron salvadas por la energía con que la directora llevó a sus músicos a un tercer y cuarto movimientos llenos de vigorosidad y fuerza.
Sobresalientes, además de la cuerda en todo momento, la fila de clarinetes desde los solos por la Sinfonía India ejecutados magistralmente por el requinto de Kliment Krylovskyi y por el correcto y dulce fraseo de Benjamin Baron durante el solo del cuarto movimiento en la novena. Mención aparte para el bellísimo solo de corno inglés logrado por la oboísta Katie Scheele; pocas veces oímos por aquí un sonido con tal dulzura y líneas tan regulares como los de esta ejecutante, menos aún en un solo tan lírico y tan conocido.
El martes 18 llegué temprano al Papalote. No sabe qué gratas sorpresas me llevé. No solo por la forma tan cálida, familiar y a la vez tan exigente y peculiar de Alondra para trabajar con los niños (entre ensayo y concierto se sentó 20 minutos en el atril de primer trombón a estudiar con él un famoso solo), sino porque fueron los mismos pequeños de la orquesta infantil de Nezahualcóyotl, esa a la que pocos voltean a ver y que pocos apoyos ha recibido, los encargados de tocar como principales de cada sección y de ejecutar los solos del Danzón no. 2 de Márquez y el Huapango de Moncayo.
Los niños de Nezahualcóyotl trabajaron durante domingo y lunes, más una parte de la mañana del martes, con todos los miembros de la POA en clases de instrumento y en pasajes específicos de las dos piezas que ejecutaron para un público conformado en su mayoría por los visitantes del museo.
Fuera de mencionar que ambas piezas ejecutadas esa mañana son lugares ya bastante comunes, o dudar un poco del resultado de no solo doblar sino triplicar maderas y metales, hay que decir que el talento de esos niños es más que notable (primer trompeta, piccolo y xilofonista deberían estar ya en algún programa para niños prodigio), como urgente el apoyo no moral que necesitan y aplaudible el noble trabajo realizado por la POA.
Terminando, músicos neoyorkinos corrieron al avión que los llevaría a Guadalajara. Nosotros, nos quedamos esperando que experiencias como ésta no lleguen a las orquestas infantiles una vez al año, sino que nuestras profesionales también se involucren en la –tan necesaria- educación de estos niños.
|